La Escuadra Masónica: El Arte de Caminar Recto en la Vida Profana
La Escuadra Masónica: El Arte de Caminar Recto en la Vida Profana
No todo camino largo conduce a la sabiduría.
No toda obra levantada permanece en pie.
No toda palabra pronunciada nace de un corazón recto.
La masonería, entendida como una escuela simbólica de
perfeccionamiento moral, enseña al ser humano a observar su vida como si fuera una construcción. Cada pensamiento es una piedra. Cada palabra, una herramienta. Cada acción, una línea trazada sobre el plano invisible del alma.
Entre sus símbolos más conocidos se encuentra la escuadra masónica, instrumento que recuerda una enseñanza sencilla en apariencia, pero profunda en su aplicación: vivir con rectitud.
Porque el hombre puede engañar a los ojos del mundo, pero no a la geometría de su conciencia.
En el lenguaje simbólico de la masonería, la escuadra representa la rectitud, la justicia, la coherencia y la conducta moral bien alineada.
Así como el constructor usa la escuadra para verificar que una piedra, un muro o una estructura estén correctamente trazados, el iniciado contempla este símbolo como una invitación a examinar su propia vida.
La pregunta no es solamente:
¿Qué estoy construyendo?
La pregunta más profunda es:
¿Con qué intención lo estoy construyendo?
La escuadra enseña que una vida torcida por la mentira, el orgullo, la ambición desmedida o la injusticia puede parecer firme durante un tiempo; pero tarde o temprano mostrará sus grietas.
Pues toda obra sin rectitud lleva dentro de sí la semilla de su caída.
En la vida diaria, la escuadra puede traducirse en preguntas de introspección:
¿Mis acciones honran mis palabras?
¿Mis decisiones son justas o solo convenientes?
¿Estoy edificando paz o alimentando discordia?
¿Mi presencia ilumina o pesa sobre los demás?
¿Soy el mismo en público que en secreto?
Estas preguntas son cinceles silenciosos. No hieren al alma: la despiertan.
A veces creemos que avanzar en la vida es simplemente caminar más rápido, lograr más cosas o llegar más lejos. Pero la masonería nos recuerda algo más profundo: no basta con caminar mucho, hay que aprender a caminar recto.
La escuadra, uno de sus símbolos más conocidos, nos habla de rectitud. No de perfección, ni de apariencia, sino de coherencia. Esa virtud silenciosa que une lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos.
En la vida profana, donde cada día tomamos decisiones, tratamos con otros, prometemos, juzgamos, trabajamos y fallamos, la verdadera enseñanza se pone a prueba. Porque de poco sirve hablar de luz si nuestras acciones siembran sombra. De poco sirve conocer símbolos si no somos capaces de medir nuestra propia conducta.
Vivir bajo la enseñanza de la escuadra es preguntarnos, antes de actuar:
¿Esto que voy a hacer es justo?
¿Mi palabra está alineada con mi intención?
¿Estoy construyendo paz o alimentando desorden?
¿Soy el mismo cuando nadie me mira?
La rectitud no hace ruido. No necesita aplausos. No busca imponerse. Simplemente sostiene la vida desde adentro, como una columna firme en medio del templo.
Y quizá ahí esté una de las grandes lecciones masónicas para cualquier ser humano: trabajar sobre uno mismo antes de querer corregir el mundo.
Porque quien aprende a medir sus actos con conciencia, termina edificando una vida que habla por él.
Atte.
Stefano Ugarriza Giaimo.
M:.M:. Logia Colombia #61,
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Cartagena de Indias.
